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credo

1

Acoger proyectos como si fueran familia. Cada proyecto es una responsabilidad y un privilegio. Formar parte del proceso en el que se encuentre dicho proyecto es algo que no debe tomarse a la ligera. Empezar con esa conciencia es fundamental.

2

Hacerlo personal. Si un proyecto es importante, lo es para todos. Y eso se refleja en el trabajo. No hay cuidado más delicado que el que se empeña en los temas que interpelan e importan. El objetivo es un resultado digno de orgullo.

3

Mezclar disciplinas. La creatividad es buscar soluciones cuando los problemas parecen demasiado complejos. Por eso a veces es necesario mezclar cualquier disciplina para hallar la mejor solución. Digital, analógico, papel, pintura, fotografía. Lo que haga falta.

4

Empaparse de tradición. La creatividad no es crear de la nada, sino crear cosas nuevas de lo existente. No temer al pasado y encarar un futuro con raíces asentadas. La innovación viene muchas veces de aprender del pasado.

5

Exprimir la creatividad. Las ideas no se acaban. San Vicente de Paúl dijo que el amor es creativo hasta el infinito y cuando algo emociona, siempre surgen posibilidades nuevas. La creatividad es un músculo que debe ejercitar.

6

Nutrirse de la naturaleza y de la cultura. Ser consciente de que muchas veces lo que se está buscando está escondido en detalles de la vida cotidiana. Las cosas más ordinarias dan muchas veces pie a cosas absolutamente extraordinarias.

7

Priorizar detalles. Es cierto que un detalle sin base no tiene sentido, pero también lo es que los detalles marcan la diferencia. Si los tiempos apremian (y lo hacen siempre), “perder el tiempo” en detalles es la mejor inversión que se puede hacer.

8

Inspirar para inspirar. Buscar inspiración en todas las disciplinas, en todo lo que llame a crear. Pero siempre con la conciencia de que la creatividad no es propiedad de nadie, y de que el trabajo de hoy puede (y debe) ser inspiración para mañana.

9

Acompañar y ver crecer. Cada proyecto es único, y necesita ser cuidado como cualquier niño al inicio. No basta con cumplir y punto, es necesario ver cómo progresa, qué se puede hacer para que florezca. Es un proceso digno de ver.

10

Dejar volar. Es ley de vida. Un proyecto debe tener independencia propia y validez por sí mismo. Por ello es necesario establecer los fundamentos necesarios y las raíces bien marcadas para que ni todas las tormentas del mundo puedan con él.